jueves, 17 de enero de 2013

Escuchas en el Madison Square Garden

Ya sabemos que los New York Knicks - Boston Celtics siempre van a dejar anécdotas para el recuerdo. El hecho de que se enfrenten las dos franquicias más clásicas de la NBA en cualquier partido siempre gusta. Dos de los equipos más puros, que conservan su apellido "Garden" en su pabellón y que son, por unas cosas o por otras, dos de los principales focos de atención en la Conferencia Este. Pero esta vez no han sido las anotaciones estratosféricas de jugadores o los récords batidos. En esta ocasión el recuerdo ha estado promovido por la trifulca que protagonizaron dos de sus estrellas y por su posterior desencadenante: las escuchas a pie de pista a partir de ahora en el Madison Square Garden.

El partido se disputó el día 7 de enero y todo transcurría normal hasta el último cuarto. Cuando restaban poco menos de 9 minutos, Kevin Garnett se dirigió sutilmente a Carmelo Anthony, casi a solas, con unas palabras que nadie supo a qué o a quién hacían referencia (salvo Melo y Kevin, claro). El jugador de los Knicks, lejos de ignorarlo, se fue encarando cada vez con más fuerza con Garnett, hasta el punto de que, sin llegar a las manos, los colegiados tuvieron que intervenir. No se quedó ahí el asunto, y bastante gordo debió de ser lo que el ala-pívot le dijo a la estrella del Madison, porque Anthony incluso llegó a bajar a los vestuarios de Boston. Tuvo que ser parado por sus compañeros, pero insistimos: las palabras de Garnett ofendieron, y mucho, a Melo. Siguió en su incansable búsqueda hasta el punto de esperar a Garnett en el bus de los Celtics. Muchos gritos entre ambos y tuve que aparecer Mike Woodson para intentar calmar los ánimos. Garnett no hizo referencia a nada en especial, salvo lo "natural" en este tipo de "batallas entre Celtics y Knicks".

Resulta evidente que, tras lo sucedido, nadie se ha dado por satisfecho, y mucho menos en el seno neoyorkino. Es por eso que, según recogen varios medios de las fuentes de ESPN, los New York Knicks han grabado todas las conversaciones que se produjeron en el partido del equipo contra los Chicago Bulls. El propietario de la franquicia, James Dolan, ha decidido tomar cartas en el asunto y colocar micrófonos en las bandas del Madison Square Garden. Parece que esta dinámica se ha repetido también en el partido que les enfrentaron contra New Orleans Hornets. Según el Newark Star Ledger, las grabaciones han sido enviadas en exclusiva al mandamás del Madison. Parece que el objetivo fundamental es proteger a su estrella en primer lugar, y en segundo término prevenirse para futuras acciones de este tipo.

Ante esta situación extraigo una serie de conclusiones, partiendo de la base de que resulta difícil hacer juicios de valor claros sobre la situación al desconocer el extracto exacto del comentario. No obstante, si que se pueden analizar alguna serie de aspectos. El primero es que, pese al tiempo, Kevin Garnett es el mismo perro viejo de siempre. Un sabio uso del trash talking, una irritación en un momento caliente de partido a la estrella y (hasta poder saberlo) palabras que van más allá de un simple comentario sobre una cancha. El carácter del ala-pívot verde nunca ha cambiado, siempre ha sido polémico, tanto por sus declaraciones como por sus acciones en la pista. Tan bueno sobre la cancha como discutido en lo personal. Y ese es el primer asunto del que preocuparse. Kevin Garnett no es ningún santo y es razonablemente creíble que la provocación fuera excesiva, a expensas de saber realmente cuál fue el contenido del comentario.

El segundo punto en donde detenerse es en el carácter de Carmelo Anthony. El alero de los Knicks no es que sea precisamente un tipo con temperamento tranquilo a lo Nikola Pekovic, pero tampoco es una cabra loca como si fuera un DeMarcus Cousins de la vida. Resulta ciertamente preocupante que Melo quisiera tener unas palabras fuera de la pista con Garnett, cuando perfectamente el asunto se podría haber solucionado sobre el parquet. Hemos visto calentarse alguna vez a Anthony, pero no para llegar a tal extremo. Que quisiera discutir el asunto fuera deja mosca.

Un tercer aspecto es apreciar las respuestas de ambos jugadores. Los dos han lanzado la pelota fuera y no han querido desvelar públicamente lo que hablaron, cada uno a su manera. Por lo tanto podemos desprender que algo serio es. Por un lado, Kevin Garnett despachó la pregunta de la manera más evasiva posible. Una respuesta falta de contenido ante lo que parecía una incidencia mayor: "El trata de que su equipo gane, yo de que mi equipo gane. Los dos equipos luchando y no hace falta decir que se trata de los Knicks y los Celtics. Es solo eso". Pero si por un lado la situación es inquietante, el otro termina por, no solo no desvelar nada, sino por avivar que, en efecto, hubo un comentario serio. Carmelo Anthony declaraba que "hay ciertas cosas que no se dicen entre hombres. Sentí que cruzamos una línea. Nadie tiene que saber lo que se dijo a puerta cerrada, por lo que la situación está zanjada"

Por todo lo visto, creo que es de lo más acertado que James Dolan haya decidido poner micrófonos para proceder a las escuchas en el Madison. Ante situaciones tan impotentes como estas, en las que difícilmente el contenido saldrá a la luz, hay que tomar medidas acertadas. Ésta lo es y, además, está respaldada por el Vicepresidente de Comunicaciones de la NBA, Tim Frank: "No hay prohibiciones en cuanto a tener equipos de audio en el pabellón". Por lo tanto, considero todavía más adecuado que se puedan escuchar las conversaciones sobre la pista. Desde una perspectiva lógica, se sabrá discernir entre lo que son comentarios de partido y otras palabras que puedan herir, de manera grave, a un jugador (como parece que en este caso así ha sido). Lo malo es que es difícil que ya lo descubramos. Lo bueno es que, tras otro partido más entre Knicks y Celtics, tenemos otra anécdota. A partir de ahora se procederá a las escuchas en el mítico Madison Square Garden.







Fuentes: http://www.nbamaniacs.com/rumores-nba/microfonos-espia-los-knicks-graban-todo-lo-que-dice-y-le-dicen-a-carmelo-anthony-durante-los-partidos/  http://www.nbamaniacs.com/noticias/carmelo-anthony-zanja-la-polemica-con-kevin-garnett/
Fotografías: http://probasketballtalk.nbcsports.com/2013/01/10/thursday-and-1-links-more-carmelogarnett-fallout/ http://articles.philly.com/2013-01-09/sports/36239788_1_knicks-carmelo-anthony-boston-s-kevin-garnett-technical-fouls http://www.liderendeportes.com/Noticias/Baloncesto/Videos--Garnett-y-Carmelo-tuvieron-tremendo-lio.aspx http://uptownmagazine.com/2013/01/carmelo-anthony-suspended-over-spat-with-kevin-garnett-over-la-la-vazquez/

lunes, 14 de enero de 2013

José Manuel Calderón: el base puro

Siempre vemos que para jugar al baloncesto muchas veces no hace falta ser un jugador completo. Lo lógico, y como casi siempre pasa, es que cada uno desde su posición en la pista ayude a su manera. Hay pívots que solamente figuran para intimidar o para coger rebotes. Otros, sin embargo, que son referencia en la pintura con dobles figuras en puntos y asistencias. Algunos se consagran desde la posición de escolta y alero, anotando a diestro y siniestro, siendo la estrella del equipo o jugador franquicia. Y por supuesto, está el caso de los bases. Casi tan amplios como equipos hay en la NBA. Los irregulares (Russell Westbrook), los físicos (Stephen Curry), los talentosos (Kyrie Irving), los anotadores (Brandon Jennings), los reyes del crossover (Chris Paul). Pero si hay un base que represente 100% el concepto puro de playmaker, ese es José Manuel Calderón.

El de Villanueva de La Serena ejerce de base en Toronto Raptors y no podría hacerlo de mejor manera. Calderón es, sin duda, el mejor concepto de base puro. Tiene una serie de cualidades perfectas para desempeñar su rol, al mismo tiempo que tiene la europeización necesaria en su juego para amoldarlo, sutilmente, al estilo americano de la NBA. Mezcla las dosis necesarias de juego tranquilo con los momentos exactos para imprimir ritmo. Una mezcla que se lo han dado los años, su experiencia en las dos mejores ligas de baloncesto del mundo y, como no, su sublime clase para ser la definición de base por antonomasia.

Y es que Calderón tiene una cabeza privilegiada para ver el baloncesto. Parece que está observando el juego de su equipo desde 4 ángulos de cámaras de TV diferentes, y tan solo tiene la que su mente proyecta en cada ataque que organiza. Tiene un gran valor, porque consigue organizar a su equipo en cada posesión de la mejor manera. Con o sin balón, en cualquier parte y posición de la pista. Hace que sus movimientos provoquen juego fluido en el quinteto, de tal manera que no haya nadie quieto y repercuta en el mejor juego de los Raptors. Cortes hacia canasta y huecos que son imposibles de ver menos para el extremeño. Asume posiciones interiores momentáneas para que sus compañeros roten, indica los mejores cortes en juego, prepara los aclarados más beneficiosos. Una absoluta computadora al servicio de Dwane Casey.

Pero si su cabeza es prodigiosa, no lo es menos su juego. Es cierto que no es un base de gran físico, pero es que tampoco necesita vivir de ello. Eso lo suple con una inteligencia pasmosa en la pista. En primer lugar, todos los movimientos que realiza son los adecuados, indispensables y efectivos. Como cualquier humano yerra pases, pero las decisiones rara vez son precipitadas. Esto repercute sobre todo en que ningún movimiento ni ningún bote sobran en su juego. Cada cosa lo hace por un por qué, y si ha apurado hasta los 10 segundos la posesión es porque tiene algo en mente. Qué mejor ejemplo que la época de Toney Douglas en New York Knicks cuando agotaba la posesión a 3 segundos para lanzar una mandarina con dos manos delante. Pero como decimos, además de la efectividad a la hora de moverse, es un jugador que conoce hasta dónde puede llegar y lo que puede dar.

Conociendo sus limitaciones, jugando de base y ejerciendo de organizador, es por lo que se ha convertido en el referente actual y líder en Toronto Raptors. Cuando él no está en pista se nota muchísimo, pero no solo en la fluidez del juego. Calderón es un base que sabe anotar, y además de una manera extraordinaria. Tiene una mecánica de tiro rápida, incluso elegante si me apuras, y es un jugador que vaya si sabe sumar puntos. De hecho, no hay más que ver sus porcentajes en el tiro (45% en tiros de campo y 41% en triples). Ha demostrado que puede dar clínics de anotación (23 pts, 5 rebots y 6 asistencias ante Cavs) y, como no, clínics de dirección (9 puntos y 18 asistencias ante Magic). Tiene incluso el honor de haber sido el objetivo de Kobe Bryant a la hora de defender por una posesión clave (y eso no lo puede decir cualquiera). 

Pero en otra de las cosas en las que radica su inteligencia precisamente es que, pese a saber que puede anotar de sobra, sabe identificar cuándo es necesario, cuándo es su momento y cuándo tiene que ceder la importancia de los puntos a otro compañero. No es de extrañar que un líder de esta magnitud como José Manuel Calderón siente y haga menos necesario a Kyle Lowry, al menos como base. Además, como buen europeo, pese al hándicap físico, Calderón es capaz de robar balones... y cómo no, otra vez porque sabe cómo correr y cómo robar. Todo cuestión de cabeza. 

Si existe una pega, por poner algo, es que Calderón no se encuentra en el mejor equipo para rentabilizar su juego de playmaker. Toronto Raptors apenas puede ofrecer garantías en la pintura y más con una estrella como Andrea Bargnani en la enfermería de continuo. Tiene muchos obreros, pero hombres franquicia al estilo Carmelo Anthony o Kevin Love, que resuelvan cierta papeleta, no lo tiene. Y esa es una de las mayores endemoniadas suertes de Jose Manuel Calderón.
Y finalmente, no porque sea base y tenga esa magnífica faceta a la hora de asistir tenemos que obviarlo. El extremeño no realiza pases tan eléctricos como Ricky Rubio ni busca tanto el espectáculo. Sin embargo, cuando tiene que soltar perlas en forma de pase picado, pase de pecho a mano cambiada o una asistencia mirando a la grada, lo hace. Tiene una tremenda efectividad en sus pases, precisos y con pocas pérdidas, y aunque no estén siempre rodeados de un aura de glamour y espectáculo, no dejan de ser perfectos. Medir el tempo del pase, el corte del compañero y la distracción del adversario para enviar un balón a la zona no es fácil. Y si ya se hace con la mano mala y mirando al tendido, sobran las palabras. Porque insisto: no porque Calderón no haga continuamente muchas cosas significa que no sea capaz de hacerlas. Ahí radica su grandeza, inteligencia y su liderazgo. Por algo es la perfecta definición del base puro.



Fuente de apoyo: www.nba.com
Fotografías: http://foronba.blogspot.com.es/2012/01/jose-manuel-calderon-supera-las-3000.html http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2008/12/07/bloqueo_directo/1228666332.html

miércoles, 9 de enero de 2013

Corazón único de pistolero: Pete Maravich

La NBA tiene mucho más de medio siglo de vida. Resultaría ridículo pensar que en tanto tiempo no ha habido historias tan bellas como trágicas. Hace 25 años nos dejó un jugador tan único por su juego como por su carácter. Muchos podrán asemejarse a él en cuanto al estilo, pero su personalidad, sin duda, será exclusiva. Un corazón mal formado desde nacimiento, literalmente, que solamente tuvo el baloncesto como forma de felicidad (y por lo tanto) de vida. Fue el "pistolero" más famoso de la liga, y una de las perfectas definiciones de genio adelantado a su tiempo. Uno de los jugadores a los que siempre habrá que rendir pleitesía pese a no ganar un solo anillo. La historia de él no se entiende sin unir juego y carácter, que es lo que le convierten todavía en más especial. Tan grande como solitario; tan bueno como fracasado"Pistol" Pete Maravich.

De haber nacido en esta época, Maravich se hubiera convertido en una estrella apreciada en todos los rincones de los estadios. Para empezar, su mecánica de tiro era absolutamente plasmada a los pasos que puede seguir un tirador o un pistolero (sin exagerar). Agarraba el balón cual pistolero que agarra su fusil; se levantaba con la misma facilidad y rapidez con la que se carga una buena escopeta; su suspensión era imparable al igual que cuando el más certero cañonero apunta y, por supuesto, un gesto de muñeca preciso para clavar sus tiros. El hecho de levantar el balón rápidamente le hacían sorprender a su par, su gran suspensión dificultaba el tapón y con su extraordinario toque de muñeca, en la que cargaba todo el peso del lanzamiento, convertía en certero cualquier tiro.

Pero Pete no anotaba solamente con un tiro desde media distancia. No tenía reparos en jugar también cerca de canasta. La cuestión es que era bueno, muy bueno y apenas le hacía falta penetrar para conseguir los puntos. Sin embargo, y pese a su a priori enclenque físico, no rehuía el contacto, pues era un maestro a la hora de hacer rectificados en el aire. Hasta para hacer una bandeja la dejaba con soltura y clase. Muchas veces evitaba a sus rivales gracias a esos rectificados y esas maniobras aéreas para acabar con una bella bandeja. Sin duda un anotador que dejó en 3 partidos huellas imborrables con puntuaciones de 69, 66 y 64 puntos.

A pesar de todo, Pistol Pete no era solamente anotación. Ni muchísimo menos. Maravich era un jugador con una extraordinaria clase. A la hora de anotar, fintar, pasar o incluso botar. Elegancia pura y dura sobre una cancha de baloncesto. Pases que aparecían de la nada, por la espalda, picado e incluso hasta para tirar a tabla. Salvando cualquier tipo de distancia con el mejor base que ha conocido la NBA (Earvin Johnson), Pete Maravich mostró la magia que podría llegar a tener la liga en el siguiente periplo con una de sus épocas más doradas. Evidentemente, tanta magia iba acompañada de mucha técnica. No solamente con el pase, sino con los cambios de mano y su gran zancada le permitían dejar atrás a su par sin tener aparentemente gran físico. No era una mera gacela cargada de explosividad, sino un cisne entre 9 patos. Aquel que desentonaba por lo que hacía (magia), cuándo lo hacía (en cualquier momento) y cómo lo hacía (bello y efectivo).

Y como todo gran jugador, tenía una enorme inteligencia para jugar. Sus pases no solamente eran bellos y precisos, sino útiles. Convertía una asistencia en un arte, una utilidad, una belleza y un recurso. Todo en uno. Hacía los tiros que hacía por algún motivo. Los rectificados siempre para compensar su falta de físico para machacar y evitar a los rivales. Si en algo no tuvo inteligencia (y tampoco se llamaría así, sino más bien culpa) es la de que nadie entendía su juego. Un juego de rapidez de movimientos, de conseguir embellecer este deporte al tiempo que se consiga disfrutar y progresar... pero en el que nunca tuvo acompañantes para convertirlo en victorias. Eran los años 70 y todavía no existía esa mentalidad. Precisamente por esto, y por el propio carácter retraído de Maravich, es por lo que no se entiende que un talento como él no llegara lejos por su personalidad (y su corazón, evidentemente).

Sería muy injusto intentar, en apenas un par de párrafos, resumir la caótica vida y el complejo carácter que acompañó siempre a Pete Maravich. Las breves pinceladas que se pueden decir de él jamás le harán justicia, pero puede servir para hacernos una idea de los entresijos mentales del de Louisiana. 

Desde bien joven fue obligado por su padre a jugar al baloncesto. Por necesidad y por su familia, y el padre fue su propio entrenador. Lo asumió de buen grado, ya que tampoco le quedaba otra, pero quedaba claro que iba a ser un genio y un mago del balón. De él cuentan anécdotas reveladoras, como que iba botando un balón a cualquier recinto que se pueda imaginar. Cuando estaba en el cine, por ejemplo, se sentaba en la butaca que daba al pasillo y botaba el balón con una mano. Al cabo de unos minutos, cuando se cansaba, se cambiaba a la  fila del otro lado del pasillo y lo botaba con la otra mano. O por ejemplo una noche, cuando jugaba con unos amigos, le dijeron que se iban a casa y Pistol les respondió: "voy a seguir practicando el tiro y en cuanto falle, me voy". Lanzó 170 tiros seguidos y todavía no había fallado. Sin duda sus mejores épocas y más positivas fueron de niño y adolescente, y es que su partido debut en la NCAA arrojó unas estadísticas bestiales: 50 puntos 14 rebotes y 11 asistencias. Por algo luciría el dorsal 44 (anotación media de su periplo universitario).

El lado oscuro de este genio llegaba por su extrema introversión. Debido a su timidez y falta de sociabilidad, convirtió del baloncesto su única felicidad y su vida. Eso le hizo, en primer lugar, encajar mal las críticas en su juego, ya que el basket era su más profundo mundo. Con un "Por qué me haces esto" en tono triste le hablaba a un cronista que le criticó por querer lucirse antes que por pensar en el equipo. Y como todo ser humano en la vida, se marcó una meta clara: "No soy ambicioso. No quiero 10 anillos, me conformo con solo 1". Desgraciadamente para él, no llegó ni a eso. Representó la viva imagen del sueño frustrado de su padre, quien tan duro fue con él desde el primer segundo que se dedicó a este deporte. No son pocas las situaciones personales complicadas que tuvo que vivir. El duro refugio del alcohol o uno de los hechos más dramáticos. Llegó a tener el cañón de una pistola metido en la boca tras una pelea a la salida de un bar... y no importarle su muerte. Tenía 20 años y un arma encasquillada le salvó la vida. Una terrible angustia recorría su cuerpo:

"Empecé a pensar en toda la basura de mi vida y en cómo un mero apretón del gatillo podría hacer que todo desapareciera. Ya no sufriría más decepciones. Ya no tendría que seguir esforzándome por conseguir un anillo de campeón. Pensé que finalmente tendría paz si ella apretaba el gatillo”

Con una débil autoestima, el único amor que le acompañó en su vida fue el del público (sobre todo el de los New Orleans Jazz), que vibraba con cada acción osada que intentaba sobre la pista. Finalmente terminó en Boston más como un suplente de poco apoyo que como una estrella, y es que bajó absolutamente su anotación, en parte, por su lesión de rodilla. No aguantó ni un año más al verse en esa situación, pero su mundo se terminó de derrumbar al contemplar que los Celtics, al año siguiente de su retirada, consiguieron el anillo. La fama de perdedor definitivamente le acompañó toda su vida.
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Sería tremendamente injusto dejar aquí la historia de Pete Maravich. Por eso en las fuentes voy a citar un doble artículo publicado en la revista JotDown por E.J. Rodríguez que ilustra, de manera brillante, todo lo que fue esta estrella. Detalles con pelos y señales de la compleja vida de Pistol.

Pistol Pete Maravich tuvo una malformación en el corazón de nacimiento. Realmente nunca lo supo como tal. Entre tanta tristeza de la infancia, se refugió tanto en el baloncesto, porque era el lugar donde él se sentía apreciado. Y también por eso quizá tenía ese don de ser tan mágico... la vida fue tan cruel con él que, hasta lo único en lo que podía haber sacado partido, fue un adelantado a su tiempo. Por suerte le retiraron la camiseta y le incluyeron en el Hall of Fame. La vida, aunque no le empezaba a sonreír, por lo menos le devolvía parte de lo que le había quitado.

La leyenda de Pete Maravich es tan grande y, por triste que parezca, merece ser recordada hasta el día de su muerte. Un 5 de enero de 1988 volvía a sentir con unos amigos el calor de una cancha de baloncesto. Jugar por amor al baloncesto, como gran esencia. Con un balón, sobre una cancha de basket y con unos amigos... parecía perfecto. Allí mismo, la última frase que pronunció fue: "me siento genial". A los pocos minutos, cayó desplomado al suelo mientras botaba, víctima de un infarto. Murió por y con lo que deseaba. Casi tal y como empezó. Cerró el círculo. Un genio, un crack, una figura y estrella absolutamente incomprendido y solitario, que no tuvo la suerte de otros grandes de conseguir el objetivo que anhelaba. Fue el corazón único sin amor del más famoso pistolero.

Hasta Siempre, Pete Maravich. D.E.P.






Fuentes de apoyo: Vídeo ilustrativo de su estilo de juego
RECOMENDACIÓN LECTORA: Doble artículo sobre la vida de Pete Maravich por E.J. Rodríguez. Absolutamente recomendable
Pete Maravich. El ídolo con el corazón roto I.
Pete Maravich. El ídolo con el corazón roto II

Fotografías: http://www.basket4us.com/galeria/index.php?gal=PeteMaravich25AnosFallecimiento&img=51790719_10.jpg#galeria
http://www.jotdown.es/2012/01/pistol-pete-maravich-el-idolo-con-el-corazon-roto-i/
http://www.nba.com/history/legends/pete-maravich/index.html

sábado, 5 de enero de 2013

Kyrie Irving y el talento puro

Qué bello es aprovecharse de los dones que un jugador tiene. Aquel que no posee grandes capacidades para jugar al baloncesto, si quiere tener un nombre y un hueco, trabaja por conseguir algo que le identifique. Por ejemplo, Ben Wallace lo supo en su día y sabía que su defensa sería la clave. Hay otros que simplemente nacen con el talento necesario para la práctica de este deporte y a poco empeño que pongan se convierten en estrellas. Si encima les gusta y saben explotarlo, la mezcla es sensacional. El show de ayer del guard de Cavs fue sublime. Kyrie Irving es la perfecta definición de jugón, pero también de talento puro.

El base de los Cleveland Cavaliers tiene, para su juventud, el carácter y descaro de una estrella. Desde gestos espontáneos de rabia o de mandar callar hasta desear fervientemente asumir la posesión de cualquier tiro crucial. Llegó el año pasado a Cavs con la vitola de ser lo único positivo prácticamente de la franquicia. Su logro de rookie del año no sorprende, aunque también es cierto que fue un draft en el que el de Duke apenas tuvo competencia. Supo asumir el rol que le tocaba, un Mesías en el que todos confiaban y que no está defraudando en ningún momento. Recordemos que pese a no haber jugado apenas en su último año de NCAA, su calidad era la comidilla de todos los general manager. Y no se equivocaban. En este segundo año está justificando que, a veces, el número 1 en el draft de la NBA no tiene porqué salir mal, sobre todo si hablamos de jugadores que no son pívots o representan en sí un fracaso para esa elección (estoy pensando en Olowakandi o Kwame Brown).

Como no podía ser de otra manera, a Irving también le ayuda jugar en la posición de base. No tanto por lo que pueda dirigir sino por las posesiones que pueda asumir. Evidentemente no se piensa en él como el estilo depurado de playmaker, aunque creo que con el tiempo esa faceta la irá puliendo, al igual que muchos jugadores, que por suerte, evolucionan a lo largo de las temporadas para ser más completos. Ahora su tiempo es el de ser el ciclón anotador y no le falta ni oportunidades ni ganas para demostrarlo. Ya tendrá tiempo para convertirse en mucho mejor jugador siendo el cerebro que guíe, no solo en anotación, a la franquicia que quiera. No será un Steve Nash, pero con su clase es complicado pensar que va a ser un mal asistente.

En cuanto a lo que puede hacer para anotar, huelga decir que es un "asesino" desde el triple y un "cirujano" en la pintura. El año pasado en el All Star del Team Shaq VS Team Chuck dió una lección desde la 7,22 con 8/8 en triples. Pero si por su posición de base (salvando las distancias) tiene algo de Chris Paul, en la manera de asestar la cuchillada en el triple tiene también una cierta esencia de Carmelo Anthony (salvado otra vez las distancias). Y si hablamos de penetración, Irving coge el bisturí y a la más mínima herida abierta en la zona va para adentro. Muchas veces no consigue canasta por su físico, sino por su tremendo talento para hacer rectificados, canasta a aro pasado o bandeja inverosímil. 

A esto se añade las dificultades para defenderle. Kyrie Irving es la perfecta definición de triple amenaza. Puede tirar de 3, penentrar o pasar con pasmosa facilidad, pero es que tiene un primer paso para arrancar equiparable al de pocos en la NBA. Sus crossover son mortales, y si no salen, ya se encarga de hacer un reverso para  sacar ventaja. Además es rápido y explosivo, y tiene un tiro en suspensión hacia atrás que, pese a su altura, muchas veces no resulta tan fácil de taponar, porque con la acción anterior ha dejado a su marca buscando la cadera.

Y por último, en efecto, Irving se llama Talento y se apellida Puro. Y se puede fumar y humillar a casi cualquier defensor que tenga delante, porque calidad y carácter no le falta. Asume los balones calientes, representa una amenaza en pista porque puede anotar de cualquier manera y porque tiene algo muy importante: una enorme confianza en sí mismo. Sabe que igual un partido lo hará mal, o que lo podrá perder. Pero también sabe que es capaz en un último cuarto de levantar él solo a su equipo. Y precisamente él, mejor que nadie, sabe de lo que es capaz. Y por eso hace lo que hace. 

Como a cualquier jugador de segundo año, habrá que darle tiempo, no para que demuestre que va a ser una estrella, porque lo va a ser, sino para que mejore en otras facetas de su juego. La presión, si es que tenía alguna, se la ha quitado este año. Ha puesto las cartas sobre la mesa sobre lo que puede hacer, liderar y representar en una franquicia: una futurible estrella de la mejor liga de baloncesto del mundo. Lo bueno es que ahora mismo sabe él también que es una de las nuevas e inconfundibles estrellas emergentes. Es la bonita historia que esperemos que no acabe muy pronto entre Kyrie Irving y el talento puro.





Fuente de apoyo: www.nba.com
Fotografías: http://blacksportsonline.com/home/2012/12/kyrie-irving-breaks-dwight-howards-ankles-video/ http://www.sportsworldreport.com/articles/7015/20121120/cleveland-cavaliers-kyrie-irving-out-four-weeks-news-rumors-nba-2012.htm

martes, 1 de enero de 2013

Descubriendo a Moses Malone

Ya se sabe que es muy común en la NBA hablar de estadística y números. Muchas veces se peca de ventajista al argumentar determinados juicios en base a guarismos que, en principio, pueden resultar objetivos. Sin embargo, también son muchas las veces que hay que tener en cuenta en el baloncesto el efecto de los llamados intangibles. Por último, hay otras veces que números, intangibles e importancia se fusionan todos en uno. Los impresionantes números de ayer de Nikola Vucevic es una buena prueba de ello. Trae a la memoria otra actuación estelar como la realizada el año pasado por Kevin Love con 31 puntos y 31 rebotes. Pero si alguien ha sido especialista en esta dupla de registros, fue la inconfundible estrella Moses Malone.

Hablar de Moses Malone en primer lugar es hablar de una escalofriante estadística: 20'6 puntos y 12'2 rebotes por partido a lo largo de toda su carrera. 27.409 puntos anotados con un acierto espectacular en tiros de campo del 49%. Una auténtica brutalidad ya que hablamos de que consiguió convertir en canasta casi la mitad de todo lo que tiró en su carrera. Como todo buen jugador que se precie, sufrió la evolución natural de cualquier deportista. No llegó a la élite de talento precoz y superclase, pero sus mejores años llegaron en mitad de su carrera, donde sin lugar a dudas alcanzó la cima en uno de los equipos más históricos de la NBA: los Philadelphia 76ers de Julius Erving.

Antes de la gloria, este guerrero natural de Virginia se empezó a crear un gran nombre en Houston Rockets. Ése pívot que sin poseer excesiva altura y sin tener apenas una gran mecánica de tiro, acababa los partidos con doble doble por su entrega y ganas. De hecho en 1979 ya se adjudicó el primer MVP de su carrera y se labró un nombre con un récord precoz: ser el primer jugador en la NBA en superar los 30 puntos y 30 rebotes en un partido. De hecho consiguió 32 puntos y 38 rebotes ante los Seattle Supersonics. Evidentemente, entre cosas como esas y promediar 31 puntos, bastaron para llevarse el premio al mejor jugador. Moses Malone estaba viviendo, posiblemente, sus mejores 3 años en la NBA. En 1982 ficha por  los Sixers y se convierte en la última piedra de toque que necesitaba un equipo de leyenda de la talla de Maurice Cheeks o Julius Erving. Un año más tarde, en 1983, consiguieron la proeza de arrebatar el anillo como una apisonadora a los mismísimos Lakers de Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar.

Estos extraordinarios números han ayudado a la figura de Moses Malone, pero sus preciosos intangibles son los que han acrecentado la leyenda de este deportista. Moses representaba esa genial mezcla entre números e importancia. Un jugador que no tenía excesivo talento, ni gran altura para ser pívot (2'08), ni demasiados recursos para anotar; pero poseía dos cosas impagables en este deporte: físico para aguantar en la zona y muchas ganas de jugar al baloncesto. Fue la prueba viviente de una máxima: para coger un rebote primero tienes que pelearlo. En la zona no le temían por su altura, sino por la garra y la entrega que ponía en cada jugada, ya que daba igual si el balón lo tenía él o un compañero para tirar. Hasta que no hubiera una canasta, saque de fondo o de banda nadie en la pintura podía descansar. 

Pese a no vivir solo del rebote, éste fue el arma fundamental de Moses. Los puntos que conseguía, muy cerca del aro, los anotaba tras fallar previamente un tiro. Jugadas en las que era capaz de adjudicarse hasta 3 rebotes en apenas 5 segundos. Evidentemente como hemos dicho no era ningún jugador experto en el tiro. De hecho, el mítico Bill Walton dijo que era una de las peores mecánicas de tiro que había conocido, pero que al fin y al cabo "no sabías cómo, pero el balón iba a entrar". Eso sí, hay que reseñar que con el tiempo fue mejorando muchas de sus facetas, hasta llegar a una gran selección de tiro cerca del aro (recordemos ese 49% en tiros de campo a lo largo de su carrera) y mejora en la técnica individual. Como no podía ser de otra manera, también fue la prueba viviente de otra máxima: Da igual las aptitudes que tengas si quieres jugar a este deporte. Cada vez que hago referencia a ello me acuerdo siempre de la carta de His Airness y su "Querido Baloncesto".

Es evidente que Moses Malone a primera vista no tuvo nada que ver con el pívot convencional ni dominante, ni por su cuerpo ni por su carácter, pero fue un tipo que supo rentabilizar su físico. Jugar 21 temporadas en la NBA en la que se alcanza la gloria  tanto individual como colectiva no puede decirlo cualquiera. En cuanto a su carácter, los que le conocieron dijeron de él que era muy tímido y ciertamente inseguro, lo que le convertía en una odisea periodística. Objetivo muy buscado por sus hazañas pero no con tanto agrado por su temor y su manera de ser reacia a hablar con la prensa, aunque, como el buen vino, con el paso de los años las personas mejoran en varios aspectos. 

Lo que está claro es que Moses Malone ha sido, es y será uno de los jugadores recordados en la NBA y particularmente por los amantes del baloncesto. Y no es porque haya entrado en el Hall of Fame, sea el séptimo máximo anotador de la NBA o haya sido escogido como uno de los 50 mejores jugadores en la historia (que también). Moses será recordado como aquel jugador que sin tener las aptitudes de una estrella se hizo una estrella. Con él hemos aprendido una importante lección en este deporte: no importa tanto lo que puedas llegar a hacer sino las ganas que pongas para hacerlo. 

Gracias, Moses.







Recomendación. Vídeo ilustrativo y fuente principal:



Fotografía: http://onemanfastbreak.net/2010/07/14/is-demarcus-cousins-the-next-moses-malone/  http://www.realclearsports.com/lists/dominating_postseason_team_performances/1983_philadelphia_76ers.html  http://www.blacktoptens.com/?p=2974