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miércoles, 31 de julio de 2013

El noble arte de la reconstrucción

Reconstrucción. Una palabra llena de trabajo y de esfuerzo, pero también de ilusión y de futuro. En estos tiempos de descanso de competición en la NBA, es momento precisamente de eso. Los equipos, en su afán por lograr su objetivos individuales (porque si son realistas no todos se preparan para ganar el anillo a la siguiente campaña), comienzan a reconstruir sus roster con las mejores intenciones de futuro. Hay equipos que se ayudan de su margen salarial restante; otros de las adquisiciones del draft; algunos de sus dólares sin escrúpulos; incluso los hay que aprovechan a la perita en dulce del momento. En cualquier caso, todos ellos a priori se basan en sus condiciones y condicionantes para montar un equipo que ilusione en la siguiente campaña. Se trata del noble arte de la reconstrucción, sobre todo en la Conferencia Este, y como vamos a ver, cada uno tiene distintas maneras de hacerlo.

Quizá el caso más bello sea el de la reconstrucción en base a un tiempo de adaptación, buenas elecciones de draft y espera de momento oportuno (sobre todo con el mercado de fichajes). Precisamente por mercado de fichajes y por actualidad, el equipo que ha sabido usar este noble arte de la reconstrucción con gran ilusión es Detroit Pistons. Sin embargo, no hay que olvidar que desde el año pasado ya se apuntaba que si la franquicia de "Motown" sabía recomponerse, Detroit iba a ser un equipo que tendría algo que decir en la Conferencia Este en el futuro. Y como toda buena reconstrucción que se precie, Joe Dumars puso a funcionar su cabeza para seguir el orden correcto en tiempo-espacio y cuadrar lógica, necesidades, futuro y salarios. Aprovechó el draft para agenciarse a prometedoras figuras de la liga como Kentavious Caldwell-Pope (tirador contrastado en NCAA), Peyton Siva (espectacular base atético) y Tony Mitchel (no ha desentonado en la Summer League). Con la idea de liberar salarios y sin la posibilidad de Calderón, se quitó de en medio por vencimiento los contratos lastre de Will Bynum, Jason Maxiel y Corey Maggette. Con el espacio salarial adecuado, sondeó el mercado de agentes libres para hacerse con un 4 impagable como Josh Smith. Si todavía no había tenido suficiente búsqueda, incluyó un plus de ilusión en la franquicia trayendo al hijo pródigo de vuelta a la ciudad del motor: Chauncey Billups. Por último vio qué monedas de cambio poseía, y Brandon Knight era su perla de la corona. Junto con Viacheslav Kravtsov y Kris Middleton fueron el paquete perfecto para los Bucks y así traer a un base de gran calidad y garantías como Brandon Jennings. La guinda del pastel hubiera sido deshacerse de Charlie Villanueva, pero normalmente en estos casos la perfección no existe.

Con todo ello, Pistons enseña cómo debe hacerse una reconstrucción a corto plazo. No obstante hay algunas dudas que esperemos que se resuelvan. En primer lugar, Maurice Cheeks tendrá que valorar que la mejor posición para Josh Smith es jugar de 4. Su capacidad reboteadora y buen tiro cercano al aro le da un plus excepcional a la pintura de Detroit. Una pintura que, por cierto, es de auténtico escándalo con Greg Monroe y Andre Drummond. La pega es que Drummond todavía necesita pulir varios conceptos en el poste, como fundamentos o ganchos. Los centímetros y el físico los tiene, aspectos más que importantes para alguien que se debe batir el cobre por la zona en la NBA. Si consigue mejorar ciertos conceptos en la pintura, posiblemente hablemos de un juego interior top 5 en la liga. Por otro lado, a nadie se le escapa que Brandon Jennings mejora sobradamente a Brandon Knight de base. La cuestión va más allá de eso. ¿Realmente Brandon Jennings es el base director de juego que necesitaba Pistons? Está claro que habrá que ver si Jennings hace jugar a los interiores del equipo, sobre todo en el caso de una pieza tan versátil para ese estilo como Josh Smith. Jennings tiene grandes dosis de calidad y anotación. Si el base pone de su parte en ser un guard más participativo con los compañeros y más director de juego, la ganancia deportiva del traspaso habrá triplicado su valor. Y como de directores de juego va el asunto, habrá que ver el trabajo "en la oscuridad" que realiza Billups con Peyton Siva. Un base físico y con talento muy prometedor que con la veteranía de Billups sumará al compañero y al equipo en general. Un modelo de reconstrucción a corto plazo que implica ser automáticamente equipo de playoff para este año. Muy buenas bases para pensar en un futuro prometedor como alternativa en el Este. 

La buena espera de los Cavaliers

Otro de los equipos que quiere asomar la cabeza entre los 8 mejores del Este es Cleveland Cavaliers. Un ejemplo de reconstrucción más moderado y pausado pero igualmente práctico. Desde que LeBron James se fuera en 2010 a Miami Heat como agente libre (no sin antes sufrir en muchos aspectos tanto positivos como negativos), los Cavs necesitaban un nuevo líder que les diera alas. Y como lo más económico y más factible para reconstruir un equipo es el draft (sobre todo si se conocen promesas venideras), Kyrie Irving aterrizó en Cleveland para comandar un proyecto ilusionante a medio-largo plazo. Sin embargo parece que en esta década la palabra "draft" y la palabra "Cavaliers" va a estar unida para cimentar ese futuro. 

En base a las nuevas estrellas que llegan a la liga, Dan Gilbert (propietario de la franquicia) ha estado agazapado construyendo sobre jóvenes un equipo que plante cara en el Este. Y lo ha conseguido. Para empezar podría afrontar gracias a la juventud un quinteto competente (aunque algo forzado, eso sí) solamente con elecciones de draft en estos últimos 3 años: Kyrie Irving, Dion Waiters, Tristan Thompson, Anthony Bennett y Tyler Zeller. Lo que ya de por sí demuestra el enorme potencial y futuro que le depara a esta franquicia. Todo ello sin contar con que la gran estrella y buque insignia del equipo es un jugador de tal talento como Kyrie Irving, joven y apuntado a estrella indiscutible. Además ha coincidido el año de explosión de un jugador como Anderson Varejao que esta temporada ha dado muestras de lo importante que puede llegar a ser en este equipo en la pintura. Además ha adquirido carne calidista de banquillo. Jugadores como Jarret Jack, que el año pasado dejó actuaciones estelares supliendo nada más ni nada menos que a Stephen Curry; o Earl Clark, que fue una de las pocas notas positivas de los Lakers la pasada temporada. Y como toda reconstrucción que se precie, necesita un golpe de efecto final (a veces arriesgado, eso sí). Habrá que prestar atención a cómo salga la apuesta de Andrew Bynum para estos Cavs. El año pasado uno de los equipos aspirantes a playoff (Sixers) le salió el tiro por la culata, y no solamente hablamos de Bynum. Su campaña fue un fiasco y en su intención de alcanzar el mínimo, que era llegar a los playoff, se vieron súbitamente pasados por los Milwaukee Bucks. Y por si esto no fuera suficiente reconstrucción, que de por sí ya es elogiable el trabajo desde los despachos de los Cavs, queda en el horizonte el futuro de LeBron James como agente libre cuando acabe contrato con Miami. A saber, puede ser el año que viene (si decide renunciar a los 2 años que le quedan) o esperar a esos dos años y cerrar un nuevo ciclo en el equipo de Florida. Sea como sea, el futuro que le aguarda a Cavaliers con ese posible cúlmen de Irving-LeBron hace pensar que Cleveland ha entendido también muy bien el noble arte de la reconstrucción.

Peligrosa pareja de dinero y reconstrucción en Brooklyn

Un concepto totalmente distinto de reconstrucción es el que tienen equipos como Brooklyn Nets. De hecho, desde el segundo 1 que la franquicia existe, el sinónimo de reconstrucción se hace a base de talonario y, a priori, poca pausa. Para Prokhorov el dinero no es ningún problema, y se ha valido de él para volver a cimentar un proyecto que ilusione (por segundo año consecutivo y en totalidad desde su existencia). El problema es que como ya se demostró el año pasado, a veces reconstruir el castillo del rey sobre cimientos de paja puede hacer que todo se vaya al garete. El elenco de estrellas que el año pasado militaban en la franquicia neoyorkina no bastó para ser alguien importante en la liga (faltaría más que ni hubieran llegado a playoff). Y entre otras cosas el éxito nunca llegó a esa plantilla porque jamás jugaron como equipo. Poseían grandes individualidades que jamás llegaron a carburar juntas. Al final, un equipo compenetrado a lo largo de más de 82 partidos es el que consigue llegar a lo más alto. 

Sin embargo, no es menos cierto que el primer año de proyecto no es comparable en inmensidad a este segundo. Ni por las bases talonarias, las cuales se han incrementado con los nuevos límites salariales e impuesto de lujo (en el que de hecho solamente con impuesto de lujo tendrán que abonar más de 30 millónes de dólares); ni tampoco por el salto de calidad que el equipo da con estas incorporaciones, que evidentemente es mayor. Y no solo hablamos de un quinteto escalofriante de Deron Williams, Joe Johnson, Paul Pierce, Kevin Garnett y Brook López. Hablamos de un veterano de gran calidad como Jason Terry, de un valor seguro como Kirilenko, de un racheado destructor como Alan Anderson, de una capacidad reboteadora como Reggie Evans, incluso un buen novato como Mason Plumlee... Son muchos nombres y determinantes. Y para mayor reto, entrenados por Jason Kidd tras cerrar el año pasado su periplo como jugador... y con la intención de permanecer mucho más que Avery Johnson o P.J. Carlesimo en el puesto. Una apuesta global a base de talonario bastante arriesgada pero que, por nombre, merece la pena contemplar. Si consiguen carburar como equipo, el dinero habrá dado sus frutos.

Incorporaciones para mantener el nivel

Reconstrucciones mucho menos profundas son las que han sufrido Atlanta Hawks, Indiana Pacers o Boston Celtics, aunque curiosamente por casos distintos. Danny Ferry, general manager de Atlanta Hawks, ha sorprendido a público propio y ajeno a la franquicia con sus movimientos. Una excesiva contratación de hombres interiores (Millsap, Brand, Ayón, Nogueira y la más sonada de todas: Pero Antic) junto con una selección dudosa en el draft (Dennis Schröder por delante de, por ejemplo, Mason Plumlee) hacen que sea indescifrable el rumbo que tomará la franquicia. No obstante, la rotación interior que tienen es destacable (Al Horford-Paul Millsap con Elton Brand) con exteriores de la talle de Lou Williams o Kylie Korver para el triple. Conserva además a Jeff Teague, pero habrá que ver si los resultados son mejores que lo que a priori prometen.

Otros equipos contender como Indiana Pacers han sondeado el mercado para dar su puntilla particular a la plantilla. Luis Scola es una gran incorporación para el de por sí sólido bloque que tienen los de Vogel. Miami Heatse debate con Greg Oden su contratación lo que le daría un plus para la pintura indudable, y Chicago Bulls lo único que necesita es volver a ver la mejor versión del MVP Derrick Rose. Poca reconstrucción cabe en este tipo de casos, más allá de seguir en la misma línea con pequeñas mejoras.

En otros equipos de menor nivel como Orlando Magic, Toronto Raptors o Washington Wizards necesitan algo más para asentarse en Playoff. Pero esto no quiere decir que sus plantillas sean nefastas. Wizards cuenta con un quinteto serio (Wall, Beal, Porter, Nené, Okafor) pero insuficiente a todas luces para afrontar 82 partidos a gran nivel -mucho más si hablamos de playoff-. Toronto Raptos, no obstante, tiene un quinteto serio (Lowry, DeRozan, Gay, Johnson, Valanciunas) y ciertos jugadores de apoyo (Fields, Hansbrough, Novak, Gray...), pero parece que este año en el Este el nivel va creciendo y costará más aspirar a ser uno de los 8 mejores. No parece que este sea el perfil de equipo de playoff al final de la próxima temporada.


Pero si hay un equipo que necesite la reconstrucción, y no a corto plazo, es Boston Celtics. La diferencia con todos los demás es que los orgullosos verdes no la necesitan para alcanzar los playoff (que al final lo harán) sino para ser contender. En primer lugar tienen que hacer de Rajon Rondo su buque insignia y su absoluta imagen. Es uno de los mejores bases de la liga con el único "debe" de pulir su acierto en el tiro. 

Con todo ello tiene una ristra de jóvenes que pueden ser buenos bloques sobre los que cimentar un gran futuro. Jared Sullinger dio muestras el año pasado de su increíble potencial, pero se cebó con el una lesión en el tramo final de campaña. Kelly Olynyk llega como un 4 abierto prometedor, con una muñeca exquisita para el tiro a media distancia. Habrá que ver cómo sale la incorporación de Vitor Faverani o de Phil Pressey, que dejó muy buenas sensaciones en la Summer League. Otro punto clave será por apostar a que sigan por la misma línea de mejora que el año pasado jugadores como Jeff Green, Courtney Lee y Avery Bradley. No es nada descabellado pensar que estos Celtics sí pueden llegar a playoff, y más pensando que igual les queda por hacer alguna incorporación. Pocos ven en Kris Humpries y en Gerald Wallace pilares de futuro para Boston, por lo que serían jugosas monedas de cambio en ese caso.

El Este se reconstruye, el Oeste se refuerza

Y es que salvo excepciones como Los Ángeles Lakers, la cual su reconstrucción será larga o corta según de que periodos hablemos, la mayoria de los equipos en la Conferencia Oeste se han limitado a apuntalar sus plantillas de una manera salvaje en cuanto a calidad. Es el caso de Golden State Warriors con la incorporación de Iguodala; de Houston Rockets con la de Dwight Howard; de Grizzlies con la de Mike Miller...

Ya se sabe que históricamente el Oeste ha tenido siempre más fuerza y más competencia. Por eso parece que este año con la reconstrucción del Este se intenta nivelar esa balanza que, salvo las apariciones de Bulls, Bad Boys o Heat en las últimas décadas, todo se correspondía con San Antonio, Rockets o Lakers en su defecto (11 anillos en total en estos años dan buena cuenta de eso). Por eso va a ser agradable toda la transformación que en la Costa Este se está viviendo. Y aunque es es laborioso, no todos los equipos consiguen siempre alcanzar el noble arte de la reconstrucción







Fuente de plantillas: esferanba.wordpress.com

martes, 5 de febrero de 2013

El doble filo del jugador franquicia

Ya sabemos todos lo importante que es en la NBA que un equipo cuente con el llamado "jugador franquicia". Aquel en torno al cual puedas construir un equipo, ese jugador deseado por muchos General Manager, con talento, con capacidad de liderazgo, joven normalmente y que posee las cualidades necesarias para asociarle con la estrella del equipo. Sin embargo hay ocasiones en las que disponer de un jugador franquicia puede jugar malas pasadas. O porque se abusa de él y si se lesiona el equipo se resiente en la inmensidad, o porque al estar construido todo en torno a ese jugador, no pueden experimentar filosofías de juego diferentes y que, en ciertas ocasiones, resultarían provechosas. Muy bueno por su importancia, pero a veces negativo por su falta. Es el doble filo del jugador franquicia.

Si hablamos del apartado de bases, hay una gran variedad en cuanto a resultados. En primer lugar, el de un equipo que, sin él, no tienen rumbo alguno: Los Ángeles Clipeprs y Chris Paul. Evidentemente no representa ningún problema que el de Wake Forest esté en cualquier equipo... pero si verdaderamente está jugando sobre el parquet. El inconveniente llega cuando se lesiona, como le está pasando actualmente a los Clippers. Los de Del Negro han perdido 7 de los últimos 10 partidos, y además 3 de ellos de forma consecutiva. En cuanto a rachas en este momento, es el tercer peor equipo de la Conferencia Oeste. Quién se lo iba a decir después del brillante comienzo. Por todos es sabido que Paul es el auténtico motor del equipo, playmaker y líder, capaz de hacer las labores más necesarias en un equipo que como es lógico necesita de un director de juego. Antes de la llegada del base a los Clippers, la franquicia no tenía grandes opciones de aspirar a casi nada, entre otras cosas porque Blake Griffin no era el jugador que es (un Griffin que había logrado jugar 197 partidos seguidos desde que su fatídica lesión en el 2009). Clippers había conseguido cuadrar un equipo muy decente para estar arriba y toser a los más grandes, por lo que sí que me ha sorprendido su declive pese a contar con la baja de uno de los mejores bases de la NBA.

Otro caso de menor actualidad pero no menor trascendencia es el de Boston Celtics y Rajon Rondo. Pero lo curioso en esta ocasión es que la mítica franquicia está obteniendo mejores resultados sin él. Estamos hablando del presumible foco, alma y futuro de los Celtics con nombre y apellido. Un equipo que ha girado, poco a poco, en función de su playmaker titular si exceptuamos a uno de los hombres que serán leyenda en la franquicia como Paul Pierce. Sin embargo, la conclusión desde que no está Rondo, de momento, es bien distinta. Los de Doc Rivers han conseguido ganar todo lo que han jugado desde que perdieran a su base titular. 4 victorias conseguidas de manera distinta y ante rivales de distinta entidad: Miami Heat, Sacramento Kings, Orlando Magic y la última precisamente ante Los Ángeles Clippers. Que no se me malinterprete, no digo que Rajon Rondo no sea un superclase (faltaría más). Lo que sí que parece es que Boston Celtics apela a ese carácter intrínseco de "orgullo verde" para ganar cuando Rondo no está en pista. Y también parece que hacen una labor más conjunta, pese a que Rondo, pese a que Rondo promedia 11 asistencias por partido. Puede sonar raro, pero la autogestión en la pista (Lee-Bradley-Pierce), la inteligencia de Doc Rivers desde el banco y ese extraordinario orgullo que llevan tan profundo los Celtics, pueden hacer que la baja de Rondo no se note tanto. Es el caso del jugador franquicia que con él rinden de una forma, y sin él, de momento, rinden de otra. No pueden decir lo mismo los Clippers.

El tercer caso, que ya coleaba tiempo atrás, es el de Derrick Rose. Chicago Bulls ha tenido que aprender, a la fuerza, a vivir sin su principal estrella. Y, como era de esperar, seguramente les iría mucho mejor con su estrella. Sería muy injusto establecer comparaciones con la actualidad, pero el último recuerdo que tenemos de Rose (aparte del de la fatídica lesión) es que, con él, Chicago Bulls despegaban como un cohete, llegando a ser el equipo con mejor balance la pasada campaña en Regular Season. Rose siempre ha sido un motor fundamental para los de Tom Thibodeau. Lógicamente, Chicago Bulls no tiene mal roster y puede salir a flote fácilmente, sobre todo si está en la "débil" Conferencia Este. Gracias, en parte, a su juego interior con Boozer y Noah, los de la ciudad del viento han sobrevivido a las tempestades que les han llegado. 29 victorias y 19 derrotas sin llegar a hacer un gran juego vistoso. Como es de esperar, a la vuelta de Derrick Rose, además de anotación, les esperará mayores apoyos a la hora de organizar el juego.

Quiero incluir un cuarto caso de base cuando hablamos del binomio ausencia/presencia de jugador franquicia en un equipo (y además que se haya podido comprobar). Estoy pensando en los Golden State Warriors de Stephen Curry. Los de Mark Jackson han demostrado ser un equipo sólido y equilibrado, con recursos y con grandes posibilidades de mezclar las piezas si las lesiones se lo permiten. Es evidente la importancia que tiene el playmaker de la franquicia californiana tanto para la anotación como para la organización del juego. Sin embargo, grracias entre otros a un superlativo Klay Thompson han conseguido remar con buenas maneras en 2 partidos que se antojaban complicados. El primero fue ante Cleveland Cavaliers y lograron ganar plagados de bajas (sin Barnes, sin Bogut y sin Curry, evidentemente). El segundo ante los Dallas Mavericks siguió una tónica muy parecida. Consiguieron que no se notara que faltaba su estrella en dos partidos más o menos complicados. Tienen la gran ventaja de sobreponerse más alla de la figura de un jugador.

Pero si decíamos que Clippers pierde mucho gas sin Paul, los Celtics se acomodan sin Rondo, los Bulls lo harían mejor con Rose y los Warriors están bien engrasados con o sin Curry; también se abre un apartado (lejos de los directores de juego) en los que jugadores franquicias actúan positiva o negativamente sobre un equipo. Hay dos casos que vienen a la mente nada más hablar de "jugador franquicia que actúa negativamente sobre un equipo". No siempre, pero en ocasiones sí. Aunque se podría hablar de ellos de manera conjunta, tanto por su incidencia con su traspaso como por su posición, hay varios factores a destacar por separado, por lo que será mejor un análisis individual de cada uno. Sí, hablamos del binomio Dwight Howard y Andrew Bynum. 

Los Ángeles Lakers tienen la desgracia de haber caído en un futuro incierto, precisamente, por apostar al por mayor por una de las grandes estrellas de la liga. Dwight Howard empezó mal su fichaje con los Lakers precisamente por estar lesionado. Hasta ese momento, nadie tiene culpa. Más culpa tendría si se dedicase a jugar a los bolos en ese estado. El caso es que, bastante ilusionado, quiso jugar pronto con su equipo, un franquicia construida a golpe de talonario que aspira a ser la más absoluta ganadora. Un contrato de poco más de 19 millones por el único año firmado. Sin embargo, a cualquier aficionado Laker que se le pregunte, la palabra para definir hasta ahora mejor a Dwight Howard sea la de decepción. Claro que ha conseguido cuajar partidos buenos estadísticamente hablando con por ejemplo 14 puntos y 26 rebotes o 28 puntos y 20 rebotes. El problema es que la mayoría de partidos debería desprender esa estadística, con más rebotes defensivos incluso y con mayor acierto en el aro, tanto en TC como en tiros libres. Los tiros libres representan una de las mayores piedras en estos Lakers en general, y en Howard en particular con un paupérimo 49%. Resulta curioso este dato, porque recientemente Howard ha señalado que en su etapa de High School alcanzó el 90% desde la 4'60. No hace falta más que ver sus estadísticas progresivas para darse cuenta de que, como muchas otros jugadores, se olvidan de facetas importantes en el juego al no necesitarlas vitalmente para sobrevivir en la liga. Blake Griffin mejoró su tiro al ver que solamente con vivir del mate no era suficiente. Howard, desde ese 90%, cuando llegó a la liga anotaba casi el 70% de los tiros libres... hasta hoy, con el 49%. Una regresión, seguramente por no practicarlo como debería como factor determinante. El caso es que entre los tiros libres, las lesiones (ahora del hombro), las continuas quejas durante la temporada (todo fueron risas hasta que empezaron a perder escandalosamente y de manera bochornosa), las continuas rectificaciones (palabras que dijo en caliente y que pidió perdón posteriormente) y su ya sabido carácter (la escenita con Van Gundy en los Magic) hacen que sea una piedra de futuro bastante irregular en el equipo de los Buss. Un center muy válido pero que ha fallado en muchísimos intangibles como la lucha por el rebote, la autocrítica, la mejora y la exigencia en uno mismo. Un jugador franquicia con muchas dudas... que al menos demuestra cierto gusto por jugar al baloncesto.

Un gusto que se ha puesto en entredicho muchas veces al hablar de Andrew Bynum. Los Philadephia 76ers actualmente pagan algo más de 16 millones a su supuesto jugador franquicia. Un center que todavía no ha podido hacer acto de presencia con las zapas calzadas para demostrar lo que puede ofrecer. El motivo de no poder esperar tan deprisa grandes cosas fue parecido al de Howard: una lesión. Sin embargo, a pocas cabezas en su sano juicio con cierta responsabilidad se les ocurriría jugar a los bolos en plena recuperación de alguna parte de su cuerpo, sobre todo del tren inferior y siendo tan alto y corpulento. Pese a hacer su mejor campaña en la NBA el año pasado, con anotación, puntos e incidencia en el juego, desde que los Sixers lo ficharon no ha podido/querido sentar la cabeza. Un jugador franquicia, tildado así por importancia en su fichaje como por su contrato, que representa, de momento, la plenitud de un mero juguete roto.

Puede sonar sangrante si hablamos ahora del último interior que tenía guardado, pero me sirve para cerrar el apartado de lesiones y para volver a encumbrar a una joya de la historia de la NBA. Los San Antonio Spurs, y así creo que lo reflejarán los anales de esta liga, cuentan con un jugador impecable e intachable en absolutamente todo. Tim Duncan, pese a su última lesión ante los Wizards, es el modelo de jugador franquicia. Hace jugar, no amasa bola, respetuoso, bueno, con clase, de los mejores fundamentos sobre la cancha... Ya encumbré un día a ese nadador de Islas Vírgenes como para seguir por aquí. Pero Duncan, desde el anillo en 1999, ha sido un one club men que ha demostrado compromiso, fidelidad, calidad y apoyo incondicional al equipo incluso cuando él no juega con una ética de trabajo impecable, la misma con la que se inició en Wake Forest. Y todo esto por el módico precio máximo de 22 millones en la temporada 2009/2010. Cuando ahora vive su segunda juventud, tiene un contrato de algo más de 9 millones. Pide y da sabiendo hasta donde puede llegar. Una maravilla de jugador y compañero al servicio de uno de los mejores entrenadores que la NBA podrá presumir de tener (junto a los Auerbach, Sloan, Jackson, Riley, Nelson): Gregg Popovich. Como para decirle a Gregg que su equipo se resiente si le falta un jugador (aunque sea uno de los mejores 4 en toda la historia).

Esto podría ser un resumen para cuando faltan jugadores franquicia que han tenido lesiones y sus equipos se han podido ver influidos en mayor o menor medida. El último breve apartado está dedicado a esos que aunque no falten son las actuales estrellas del top 5.

LeBron James, quién consiguió ayer un descomunal 92,8% de acierto en tiros, es el líder indiscutible de Miami Heat. Un líder y jugador franquicia que cabe preguntarse qué sería de Miami sin él. Estamos viendo a la franquicia de Florida pisar el acelerador solamente cuando hace falta (y ya es bastante para ser líderes del Este). La importancia de LeBron está fuera de toda duda. Un jugador franquicia indispensable para su equipo. Si LeBron es fundamental, James Harden es indispensable. En un equipo como Houston Rockets, donde Jeremy Lin no es quien parecía ser, solamente el de Arizona State vislumbra claros en oscuridad. Un escolta que su anotación se antoja crucial para que su equipo gane. Un jugador franquicia en toda regla en el que, sin él, su equipo se resiente hasta límites exagerados.

Y la diferencia de construir un equipo ganador en muchas de sus facetas o no, pasa por la importancia de jugadores como Carmelo Anthony, Kevin Durant y Kobe Bryant. Carmelo Anthony, dado el nivel actual y el nivel de ritmo de los Knicks, podrían pensar en sobrevivir sin su estrella. En el caso de Kevin Durant, es algo menos creíble. Si los Thunder tuvieran que vivir de lo capaz/incapaz que fuera Westbrook para ser una estrella, los de Scott Brooks no estarían arriba en la clasificación. Seguro. La importancia de Kevin Durant en Oklahoma (en comparación con las otras grandes estrellas) quizá sea la más determinante. Y por último, Kobe Bryant. Sea por lo que sea, Kobe tiene que ser fundamental hasta el fin de sus días sobre una pista de baloncesto. Y lo es. Para defender a la estrella rival, para anotar el buzzerbeater, para repartir las 14 asistencias de turno o simplemente para ejercer de auténtico líder.

Como hemos visto, muchas veces hablar del jugador franquicia no supone hacerlo con palabras bonitas y con expresiones endiosadas y pomposas. Existen ocasiones en las que un jugador, por bueno que sea, puede perjudicar a su propio equipo si camina en la dirección equivocada. Algo bello de este deporte es que se gana como equipo. Aquí se hace efectivo el "un jugador gana partidos pero un equipo gana campeonatos". Por suerte, y hasta que se demuestre lo contrario, siempre ha sido y será así. Hasta para la asistencia de Joe Rucklick que dio lugar al punto número 100 de Chamberlain; hasta para los triples con 0,4 segundos de Fisher ante Spurs, hasta para los lanzamientos en la esquina de Robert Horry o hasta para los revulsivos tiros de Toni Kukoc con los Bulls de Jordan. Todos ellos colaboraron para que el jugador franquicia alcanzara la gloria. Por eso mismo, siempre hay que tener en cuenta que en un deporte de equipo como el baloncesto hay que tener cuidado. Alguien que te haga ganar... pero también perder. Es ese doble filo del jugador franquicia.







Fuentes de apoyo: www.nba.com  www.hispanosnba.com  www.ultimatenba.com
Fotografías: http://www.zimbio.com/photos/Rajon+Rondo/Boston+Celtics+v+Los+Angeles+Clippers/cROf13QSlK-
http://www.mundodeportivo.com/20111227/fotos/stephen-curry-supera-a-derrick-rose-foto-tony-avelar-ap_54241672238.html
http://ballerball.com/nba-rivalries-howard-vs-bynum-with-a-dash-of-wwe/
http://www.basketblog.es/top-20-mejores-jugadores-de-la-nba-i/tim-duncan/
http://www.zimbio.com/photos/LeBron+James/James+Harden/Olympics+Day+4+Basketball/TIlkziQyM6u

sábado, 1 de diciembre de 2012

La sonrisa de Howard; los bolos de Bynum

No sé si Los Ángeles Lakers cogerán al fin la racha que les lleve por el buen camino en esta temporada, aunque pierdan partidos. Lo que sí que parece (y aunque sea ventajista hacerlo a estas alturas) es que han ganado con el traspaso de Bynum por Howard. Nos podemos detener en estadísticas pero es más interesante apreciar otros detalles.

A nadie se le escapa que Dwight Howard es un tipo cómico y afable. A veces, quizá, peca de "gracioso". Es raro que ante una broma no se le dibuje la sonrisa en la cara. Cuando está en pista, y sus compañeros o él mismo hacen una jugada "spectacular", se ríe y empieza con los gestitos y el circo (en el buen sentido, entiéndase). Es un jugador que disfruta del baloncesto, que caerá mejor o peor; necesitará mejorar más en unas facetas que en otras; pero que ves sobre la pista que tiene una sonrisa por bandera cada vez que juega a este deporte. 

Una lesión es una lesión, la tenga Howard, Bynum, Jordan o Chamberlain. Pero hay que tener un mínimo de cabeza para llevarla. Andrew Bynum, sobre todo en su última campaña, no estaba contento, y más si se añade la lesión. Cambiar Los Ángeles por Philadelphia no tiene que ser plato de buen gusto. Eso sí, llegas a una franquicia donde vas a ser la estrella y vas a poder demostrar, a ojos de todos, qué calidad es la que atesoras como primer pilar. Siguiendo el plan de recuperación, los aficionados pensaban que iban a poder ver a su estrella en acción a comienzos de temporada. Un día antes de su teórica recuperación, se fue a jugar a los bolos. Esto repercutió en el cartílago de sus articulaciones y los Sixers le declararon como baja indefinida. De momento, que en vez de reposar se dedique a hacer ejercicios que le pueden suponer peligro para su lesión, no habla bien de él. Peor ya ha sido cuando un ex-compañero suyo (del cual no salió el nombre) dijo que "nunca había conocido otro jugador en la liga al que le guste menos el baloncesto". A todo esto hay que añadir los recientes problemas con la justicia que ha tenido. Tela.

Ambos llegaban de una lesión, pero la manera que han tenido de llevarla ha sido abismal. Primero, por las formas. Uno descansando y deseando incorporarse a su nuevo equipo aspirante a anillo; el otro, resignado, esperando a que le llegue el momento de intentar demostrar su calidad como jugador franquicia en un equipo menor. Entiendo que el destino no motiva tanto, pero un profesional debe ser eso, precisamente: profesional. Pívots poderosos que serían los más dominantes si quisieran. Son las dos caras de la moneda. El uno tiene que pulir ciertos aspectos de su juego. El otro lo tiene más complicado: al parecer tiene que encontrar el amor por el compañerismo (partidos que estaban perdidos y Bynum hace la guerra por su cuenta autoexpulsándose) y sobre todo las ganas y el amor por este deporte (el baloncesto, no los bolos).



Fuentes de apoyo: www.nbamaniacs.com www.basket4us.com
Fotografía: http://www.ocregister.com/articles/lakers-361883-howard-bynum.html?pic=2